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La decimosexta jornada de LaLiga nos brindó un auténtico partidazo el 14 de diciembre. El Deportivo Alavés recibió al Real Madrid en un choque repleto de emoción, alternativas y tensión hasta el último suspiro. Lejos de ser un trámite, el conjunto blanco tuvo que sudar la gota gorda para llevarse los tres puntos, imponiéndose finalmente por 1 a 2 gracias a la inspiración de Kylian Mbappé y la contundencia de Rodrygo en los momentos clave.
El duelo comenzó con un ritmo frenético y sustos en ambas áreas. Apenas corría el minuto 2 cuando la defensa madridista sufrió una desconexión preocupante, dejando completamente solo a Abde Rebbach; por fortuna para los visitantes, el atacante remató desviado en una jugada que posteriormente fue invalidada por fuera de juego. El susto despertó al equipo blanco, y Mbappé comenzó su particular recital ofensivo. En el minuto 4, el astro francés pisó el área y soltó un zurdazo raso que acarició el poste, levantando el primer murmullo en la grada. Su insistencia no cesó, y en el minuto 8 se sacó de la chistera un disparo con muchísimo efecto que se estrelló violentamente contra el larguero. El acoso visitante continuó en el minuto 11, cuando Federico Valverde dibujó un pase filtrado exquisito para Rodrygo, cuyo potente remate cruzado se marchó a escasos centímetros del palo largo. Mientras tanto, en el minuto 16, las cámaras de televisión captaron la ilustre presencia de Roberto Carlos, quien no quiso perderse el espectáculo desde el palco.
La persistencia madridista finalmente encontró su merecida recompensa en el minuto 24. Mbappé tomó el balón en la banda izquierda, desbordó hacia el centro con una velocidad endiablada y conectó un disparo imparable que perforó la red, colocando el 0 a 1 en el marcador. La alegría visitante pudo ser mayor en el minuto 28, cuando Jude Bellingham enganchó un potente remate dentro del área que acabó en gol; sin embargo, la celebración fue interrumpida abruptamente tras señalarse una mano previa del inglés, anulando la acción. La intensidad del choque fue subiendo de temperatura y, en el minuto 44, Raúl Asencio propinó una dolorosa patada por la espalda en una zona sensible a Lucas Boyé, provocando las airadas protestas del delantero argentino. Justo antes del descanso, en el minuto 45 más 2, el Alavés rozó el empate con un remate a bocajarro de Ibáñez, pero Thibaut Courtois emergió como un gigante para despejar el esférico milagrosamente con el rostro, salvando a su equipo.
Tras el paso por los vestuarios, la tensión se palpaba en el ambiente. En el minuto 48, todo Mendizorroza reclamó penalti por una presunta mano de Asencio en el interior del área, pero el colegiado, tras escuchar las indicaciones del VAR, ordenó que el juego continuara. El Real Madrid buscó ampliar su renta en el minuto 51 con un zapatazo lejano de Valverde que se marchó ligeramente desviado. Dos minutos después, en el 53, Bellingham sirvió un pase profundo perfecto para Mbappé, quien se topó con una gran parada del guardameta local; el rebote cayó en los pies de Vinícius Júnior, pero su remate también fue repelido de forma espectacular. El Alavés, lejos de rendirse, sacó fuerzas de flaqueza. En el minuto 61, Lucas Boyé protagonizó una carrera maratoniana desde su propio campo, culminando la acción con un disparo lejano que no encontró portería.
El esfuerzo encomiable de los locales tuvo su premio en el minuto 69. Carlos Vicente, que acababa de saltar al terreno de juego, aprovechó su frescura para plantarse en un mano a mano espectacular y batir a Courtois con un remate inapelable, estableciendo el 1 a 1 y desatando la locura en la grada. El empate dio alas al Alavés, que rozó la remontada en el minuto 74 tras un vertiginoso contragolpe que finalizó con un disparo desviado de un delantero local cayéndose dentro del área. Ante el peligro inminente, el Real Madrid apretó los dientes. En el minuto 76, Rodrygo intentó sorprender con un lanzamiento de falta directa, pero le imprimió demasiada potencia y el balón voló por encima del travesaño.
La insistencia blanca no tardaría en rendir frutos. Apenas un minuto después, en el 77, Vinícius Júnior desató toda su magia por la banda izquierda, rompiendo a su defensor para servir un centro raso medido al corazón del área. Allí apareció Rodrygo, siempre oportuno, para empujar el esférico con un toque sutil y devolver la ventaja a los suyos con el 1 a 2 definitivo. En los compases finales, el dramatismo se mantuvo intacto. En el minuto 86, Vinícius cayó derribado en el área albiazul exigiendo la pena máxima, pero el árbitro principal indicó con firmeza que no había existido infracción alguna. Con el pitido final, el Real Madrid celebró un triunfo de oro, demostrando oficio y pegada para superar a un rival sumamente combativo en una noche de auténtico infarto.