- 0
- 763 palabras
La decimocuarta jornada de LaLiga nos regaló un duelo vibrante el 30 de noviembre, donde el Girona y el Real Madrid midieron sus fuerzas en un choque que mantuvo a los aficionados al borde del asiento. Tras noventa minutos de pura intensidad, el pitido final certificó un empate a uno. Un resultado que enciende las alarmas en la casa blanca, ya que supone su tercer empate liguero consecutivo y, lo que es más doloroso, la pérdida del liderato en favor del FC Barcelona.
Con los jugadores sobre el césped y la grada rugiendo, el partido arrancó con un ritmo trepidante. El conjunto visitante intentó imponer su jerarquía desde los primeros compases. A los nueve minutos, Kylian Mbappé filtró un pase prometedor para Arda Güler, cuyo remate se perdió por línea de fondo. Apenas tres minutos después, un fallo en la salida de balón de la zaga local le regaló una oportunidad de oro al delantero francés, pero su disparo casi sin ángulo se marchó por encima del travesaño.
El asedio madridista no cesaba. En el minuto veintitrés, Vinícius Júnior hizo gala de su desborde característico, irrumpiendo en el área por el perfil izquierdo para soltar un zurdazo que acarició el poste. El Girona, sin embargo, demostró que tenía armas para hacer daño. Sobre el minuto veintisiete, Viktor Tsygankov se sacó de la chistera un disparo con mucho efecto; Thibaut Courtois vio cómo el esférico se le escapaba de las manos en primera instancia, pero su rápida reacción felina evitó el desastre.
La polémica hizo acto de presencia en el minuto treinta y seis, cuando Vladyslav Vanat cayó derribado en el área visitante, aunque el colegiado hizo un gesto claro indicando que el juego debía continuar. El Real Madrid pareció encontrar su premio en el minuto cuarenta y uno gracias a un remate de puntera de Mbappé que acabó en el fondo de la red, pero la alegría fue efímera: el tanto fue invalidado por una mano previa a la definición. Cuando todo apuntaba al empate sin goles al descanso, el Girona asestó un golpe psicológico brutal en el minuto cuarenta y cinco. Tras una brillante asistencia de Tsygankov, Azzedine Ounahi conectó un zapatazo implacable para romper la igualdad y mandar a su equipo a los vestuarios con ventaja por un gol a cero.
Consciente de la urgencia, el banquillo madridista movió ficha nada más comenzar la segunda mitad, dando entrada a Eduardo Camavinga en el minuto cuarenta y seis para revitalizar el mediocampo. La necesidad de remontar empujó al Madrid hacia adelante. En el minuto cincuenta y cinco, un pase de Aurélien Tchouaméni encontró la cabeza de Éder Militão, pero su remate salió demasiado centrado y fue atrapado sin complicaciones por el guardameta.
El Girona no renunciaba a ampliar su renta y estuvo a punto de lograrlo en el minuto cincuenta y ocho con un disparo raso y venenoso de Vanat, al que Courtois respondió con una intervención soberbia que mantuvo a su equipo con vida. La frustración blanca creció en el minuto sesenta y tres, cuando un nuevo gol de Vinícius fue anulado por fuera de juego. Sin embargo, la perseverancia del brasileño dio sus frutos en el minuto sesenta y siete. Tras una gran acción individual, Vinícius fue derribado en el área forzando la pena máxima. Mbappé asumió la responsabilidad con una frialdad pasmosa y transformó el penalti para firmar el uno a uno definitivo.
El tramo final del encuentro fue un auténtico polvorín emocional. En el minuto setenta y seis, una caída de Vinícius tras una pugna encendió a la grada local, que dedicó gestos de burla al extremo brasileño, elevando la temperatura del choque. Lejos de amedrentarse, el propio Vinícius rozó la escuadra en el minuto ochenta con un disparo colocado que se marchó ligeramente alto. La tensión era palpable y, en el minuto ochenta y dos, Rodrygo cayó en el área rival reclamando un penalti que el árbitro decidió no señalar.
En un último intento desesperado por rascar la victoria en el minuto noventa, Álvaro Carreras y Gonzalo saltaron al campo de juego. A pesar del empuje final, el marcador resultó inamovible. El Real Madrid tropieza de nuevo, alargando su sequía de victorias en la competición doméstica y entregando la corona del liderato en una noche amarga en territorio catalán.